Quizá de su paso por Nueva York le ha quedado también una forma directa de narrar lo extraordinario y un hilo de pragmatismo que no deshace el hechizo de su arte. “Después del 11-S, el mercado se vino abajo. No había muchas ocasiones de trabajar”, cuenta. “Es una ciudad donde hay gente con talento en cada esquina y pensé que en mi país, más pequeño, tendría más oportunidades para ser alguien”. Con una maleta cargada con poco, entre otros objetos, con “la disciplina y fuerza” que había obtenido en ese lugar “loco y duro, donde todo es posible”, regresó a Francia. Le pidió a su hermana que fuera su manager. No sabían nada de la industria ni tenían ningún contacto y fueron días de trabajo, trabajo y trabajo, hasta que una productora se fijó en ella y la animó a seguir por ese camino: pisar cada escenario antes de que pudiera ni vislumbrar la grabación en un estudio. Un paso tras otro. Lo que vino a continuación le parece de alguna forma la consecuencia natural de todo ese periplo. “Apenas me doy cuenta de mi éxito, por lo mucho que he trabajado…” Y suena contundentemente real, como su voz.
The Shape of a Broken Heart contiene 12 canciones que hablan de África, el continente con forma de corazón roto y del amor “de distintos tipos”. Amany reconoce la influencia de cantantes a las que admira como Nina Simone, Tracy Chapman y Tina Turner porque “cantan desde sus entrañas, con todo lo que tienen dentro”. Y, como dice en el tema principal del álbum, África es quien ella es. “No sé cómo mis orígenes inspiran mi manera de hacer música. Sería como ser consciente de que tengo piernas cada vez que camino”. Y ese ser es lo que espera transmitir a las personas que escuchen su música. “Mi ambición es que suene sincero, honesto, auténtico. No tengo la mejor técnica, no finjo nada…”
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